Seúl

Seúl, se enciende. Se enciende y no se para. Se levanta y no deja que te acuestes. Amanece y el sol te sorprende, sí, vuelve a ser de día en Seúl. Seúl corre, gira, apura, pero no para.
20 millones de personas fluyen cada día por sus arterias. Todo gira muy rápido. Me paro, enfoco, disparo y me quedo observando, pero nadie repara en mí.

Siento que voy a contracorriente durante mis primeros días en la ciudad, pero, poco a poco, aprendo a entrar en ese espiral donde todos se mezclan pero todos siguen siendo anónimos.
El señor del quiosco no me entiende, se limita a sonreír cuando le pido un paquete de chicles, aborto el plan. Entro en el metro, algunos duermen, algunos se quedan absortos con sus móviles o sus Nintendo DS.

Salgo del metro: Luces de neón, vendedores ambulantes, jóvenes luciendo sus minifaldas en la fría noche de invierno de Seúl, fotomatones y karaokes.